logo
logo
MCG | Progresismo social e institucionalidad en América Latina.
15715
post-template-default,single,single-post,postid-15715,single-format-quote,ajax_fade,page_not_loaded,,side_menu_slide_from_right,qode-theme-ver-16.0.1,qode-theme-bridge,wpb-js-composer js-comp-ver-5.4.7,vc_responsive
 

Progresismo social e institucionalidad en América Latina.

“Uno de los principales motivos de la desconexión entre los ciudadanos y el Estado es la incapacidad de las instituciones públicas para satisfacer las demandas crecientes y cambiantes de la sociedad”

— Progresismo social e institucionalidad en América Latina.

Las brechas estructurales que se presentan en los estados latino americanos se comportan conaparente indiferencia a las políticas de crecimiento económico y estabilidad monetariaimplementadas durante las últimas décadas. Para muestra es suficiente con revisar las estadísticas comparadas de sectores como empleo, educación y salud.
El mayor reto de los gobiernos en AL es convertir el crecimiento en bienestar generalizado, la
dificultad para lograrlo constituye la más evidente patología de la política y el estado
democrático en nuestra región.
Es evidente que los partidos progresistas que dominaron el escenario político especialmente
durante los últimos quince años, adoptaron fallidamente recetas esencialmente
conservadoras, dejaron al margen las políticas sociales, especialmente aquellas de rentabilidad
a largo plazo, para concentrarse en navegar la estabilidad cambiaria y el crecimiento sin
derrame.
“…y esos vientos trajeron estas tempestades”, la falta de respuesta social ha traído consigo
procesos de desestabilización de la gobernanza, una vuelta a la derecha y consecuentemente
la postergación, una vez más, de la agenda progresista.
Esto era previsible, de hecho estaba anunciado, pero los partidos progresista transaron su
programa de desarrollo por la oportunidad de gobernar, asumieron el consenso con los
poderes fácticos como la carta de ruta para la “modernización” de nuestras economías,
cerraron el diálogo con la sociedad y lo sustituyeron por arreglos coyunturales con
interlocutores escogidos, casi siempre comerciantes de la política en ningún caso auténticos
representantes sociales o empresarios.
Consistentes con ese abandono de la política social progresista, hemos dejado al Estado en
bandolera, a merced de los vientos del mercado y la racionalidad liberal, apostando al
postulado de menos estado y más mercado.
Así las cosas, América Latina ha perdido un momento único en que se alineaban tantos países
con realidades similares, con tantos retos compartidos y con una gran posibilidad de
cooperación horizontal para crear una nueva institucionalidad que operara como pilar del
desarrollo sostenible.
Si bien se nos ha ido un tiempo precioso, también se nos puede escapar la gran lección que
nos ha dejado: sin bienestar se corroe el contrato social y se fragiliza la gobernabilidad
democrática y todo esto es consecuencia de una baja calidad institucional.
Y es que nada es más revolucionario que una sana institucionalidad, en esto parece también
haber perdido el rumbo nuestro pensamiento progresista, el ejercicio de gobierno de la

1 PERSPECTIVAS ECONÓMICAS DE AMÉRICA LATINA 2018 © OCDE/NACIONES UNIDAS/CAF 2018

izquierda en nuestros países no ha priorizado la construcción de una nueva institucionalidad
para que sirviera de sostén a los cambios que se pretendían promover.
Esa ceguera estratégica ha ocasionado que los pocos avances logrados puedan ser revertidos
fácilmente y que su permanencia esté comprometida por la fragilidad institucional.
En AL, la mayoría de los procesos socialmente innovadores fueron concebidos como
“proyectos”, con frecuencia gestionados desde las presidencias y por tanto han tenido y
tendrán el mismo ciclo de vida que sus promotores, con su entrega del poder se cava a sus
iniciativas de cambio.
Transcurrido el tiempo, a modo de crítica reflexiva, uno se pregunta: ¿cómo imaginaba la
izquierda gobernante que se sostendría un proceso social revolucionario, democratizante sin
instituciones renovadas, legitimadas y sólidamente posicionadas en el cuerpo jurídico de
nuestros países?; ¿cómo nuestra generación llegó a pensar que sin una sociedad que se
beneficiara del crecimiento y por tanto que fuera económicamente emancipada se podría
mantener la legitimidad política y la gobernabilidad?; ¿cómo sin una mejora sustancial en el
acceso y la provisión de bienes y servicios públicos esenciales hemos podido llegar a pensar
que se obtendría el soporte indispensable de la población para asegurar la gobernabilidad?
Responder esas interrogantes es la tarea de la nueva izquierda latinoamericana para no volver
a caer en los mismos lodos cuando se presente una nueva oportunidad de gobernar para
avanzar significativamente en la construcción de sociedades más cohesionadas, equitativas y
felices.

No Comments

Post A Comment